El uso de hormigón para los pavimentos ha crecido considerablemente en Latinoamérica. Sin duda, una solución integral que brinda alta durabilidad con bajos costos de mantenimiento.

Si consideramos globalmente la región de Latinoamérica, el potencial de uso del hormigón en carreteras es muy alto a pesar de los grandes avances a nivel infraestructura. En los últimos años, los pavimentos de hormigón han ganado mucho espacio (y kilómetros) en Latinoamérica.

Chile es un referente con la tecnología de losa corta. Y tanto Brasil como México han avanzado muchísimo en la construcción de autopistas y carreteras urbanas con hormigón. Luego, varios países emergentes como Guatemala, Nicaragua o El Salvador han dado la nota en materia de inversión en soluciones viales.

En Paraguay, por su parte, se ha avanzado muchísimo con la Ley de Pavimentos Rígidos impulsada por la Federación Interamericana de Hormigón Premezclado (FIHP), quienes apela al diseño y construcción de rutas de mejor calidad en toda la región.

¿Cuáles son los objetivos en la región de Latinoamérica?

Lamentablemente, toda la inversión en infraestructura y carreteras se realiza sólo en el corto plazo. Las nuevas construcciones de vías deben apostar a la vida útil de los proyectos garantizando una duración de 50 años o más.

Es momento de derribar el mito de que el hormigón es más costoso que el asfalto. Si se considera el costo de ciclo de vida, el hormigón está a la cabeza. Sin dudas, es una solución más integral en el mediano y largo plazo.

En el pavimento de hormigón los costos de mantenimiento son mucho más bajos que en las carreteras de asfalto. De hecho, en Latinoamérica se estima que en el caso del pavimento de hormigón el costo de mantenimiento es sólo el 8% de la inversión inicial. En el caso del asfalto, el costo de mantenimiento supera el 90% de la inversión inicial. Lo curioso: La inversión inicial es muy parecida en ambos casos.